Me he decidido a enseñarte Matemáticas, a sumar con los dedos (índice y medio) la propiedad conmutativa entre los paréntesis de mis piernas: Igual adentro que afuera, igual afuera que adentro. Me he decidido.
Me he decidido a enseñarte Lógica. Si p entonces q, q, por lo tanto p. Que cuando te veo, quiero y si hoy quiero es porque te he visto. De reojo, te he visto... y me he decidido.
Me he decidido a enseñarte Climatología. Que te lluevan las ganas de hacerme viento en la nuca y derretir tus dedos de hielo contra el verano de mi espalda caliente. Alguna primavera debe quedarnos, mi amor, o algún otoño. Me he decidido.
Me he decidido a hablarte de Biología. De tu fenotipo perfecto, de tu composición sanguinea, de las interacciones genéticas. Hipófisis, gónadas y sudor, en consecuencia. XX - XY. Me he decidido.
Me he decidido a hablarte de Física, de este error en caída libre, de cómo se funde o se sublima la materia, de la aceleración de los cuerpos y de la fricción, sobre todo. Mi choque veloz contra tu cuerpo de masa mayor. Que los trenes viajan más lentos que de costumbre y el tiempo pasa monstruosamente rápido. Me he decidido
Me he decidido hablarte de Astronomía, decirte que te quedes, que todavía nos falta ver un par de estrellas fugaces, que lo que fuimos ayer se nos cayó por un agujero negro, que la luna pudiese -¿por qué no?- ser de queso, que tus ojos son un planeta y tu colchón una galaxia. Que Orión se apriete el cinturón si nos amamos. Me he decidido.
Me he decidido hablarte de Geología, del quiebre de mi pangea, de que te lloré un tsunami, de que me volví un volcán de insultos el día que no llamaste y del terremoto que me hiciste adentro... cuando te fuiste. Me he decidido.
Me he decidido a hablarte de Química, mi alquimista de cuarta categoría. De lo heterogéneo de esta mezcla, de lo insoluble de mi amor en tus patrañas, de la combustión de mis senos cuando los tocan tus ojos. Que oxígeno es O, vale 8 y es el gas incoloro, inodoro e insípido que me meterías en los pulmones si se te antoja regresar.
Me he decidido a hablarte de economía. Pedirte que me dejes consumir a mí lo que le ofertas a otras, en justo intercambio (si así lo deseas), con plusvalía (si es necesario) y ahorrándonos las explicaciones, mi amor, que no nos lucen. Distribuirte mil besos a lo largo de la espalda y cobrarte esta deuda de caricias en los labios. Me he decidido.
Me he decidido hablarte de geografía. Que en la cama y en penumbras, un mapamundi de sombras tiene lugar en tu pecho. Que tengo relieves donde tu tienes llanuras y una línea fronteriza entre el amor y las ganas. Que el lunar junto al mi ombligo señala tu capital y abajo, justo abajo, hay zonas por reclamar. Yo tu continente, tú mi mar. Me he decido.
Me he decidido a hablarte de Derecho, de las veces que me puse una venda en los ojos y pesaba en mi balanza más lo malo que lo bueno. Me sentenciaste, cariño - y no me quejo- que lo que fue jurisprudencia se hace ley y algún día se revierte la justicia. ¡Dura lex, sed lex!. Me he decidido.
Me he decidido a hablarte de historia. De Juana la Loca y Felipe, de Marco Antonio y Cleopatra, de Enrique VIII y Ana Bolena, de John Kennedy y Jacqueline, de Bolívar y Manuelita. De ti, de mi y de todo lo que hubiesemos podido ser ¿Quién lo diría?. Me he decidido.
Me he decidido a hablarte de Psicología, de mis recuerdos, de tus manías, de cada tic nervioso que me aprendí a fuerza de verte y de todas las veces que -Gestalticamente- completé tu ausencia. Me he decidido.
Me he decidido a hablarte de didáctica. Preguntarte cómo es que encajan las piezas. Que me expliques qué fue lo hice tan mal, que me tomes con fuerza la mano derecha y me enseñes a hacerlo mejor que ayer. Me he decidido.
Me he decidido a hablarte de Teología. Del estigma que -en el cuello- me dejaron tus dientes, de los orgasmos y de Dios, que viene a ser lo mismo, si a ver vamos. Me he decidido.
Me he decidido hablarte de todas las ciencias que aún no he estudiado. De la transgresión de mi ética, la exaltación de la estética, el abuso de la erótica y la realización de todas mis filosofías.































































No todo el mundo la tiene tan
él la trata como a una princesa





